In the shadows


Ayer, la noticia sobre el posible cese de Anna Wintour como editora en jefe de la edición más poderosa del universo Vogue: la estadounidense se convirtió en tópico entre los fashion insiders y los wannabes. El sitio Page Six fue el encargado de difundir el rumor, desmentido por Condé Nast, en el que se confirma que tras el issue de septiembre 2018 Wintour dejará su cargo en Vogue para ser remplazada por Edward Enninful. Cualquiera que haya invertido $7 dólares o los $199 pesos aproximadamente que cuesta en nuestro país, entenderá y apoyará el hecho que la edición bajo la dictadura de Anna Wintour necesita un absoluto refresh. Las portadas y contenidos, así como editoriales, son realmente soporíferos.

Tras la ampulosa partida de Alexandra Shulman a finales 2017, tras 25 años como editora en jefe de la cabecera británica, para ser sustituida por un mediático Enninful, llegó el momento de despedirnos de Graydon Carter en Vanity Fair, quien también había ingresado a la revista en 1992 y terminó su contrato en 1997 tras 25 años. Además de Shulman y Carter, Yolanda Sacristán dijo adiós a su puesto tras 16 años editando la edición española para intercambiar puesto con Eugenia de la Torriente – Sacristán remplazo a Torriente en la Bazaar española y viceversa-. La realidad es que mientras muchas ediciones han dicho adiós a sus ediciones impresas – Details, Nylon, Teen Vogue….- las que continuan su circulación están haciendo grandes ajustes a sus contenidos para conectar con los nuevos consumidores y también están buscando recortar los grandes presupuestos de los antiguos colaboradores. 

 


Con la llegada de Wintour como editora en jefe del Vogue estadounidense  en 1988 llegaron nuevos tiempos para la moda: la aparición de unos jeans Guess complementando un top couture de Lacroix en su primera portada protagonizada por Michaela Bercu en noviembre de 1988 fue un gran escándalo porque rompía con la percepción estética creada por su antecesora Grace Mirabella, quien prefería los close ups en la fotografía de portada y bullets para la mujer trabajadora. Anna apostó por la visión creativa de personajes como Grace Coddington, Andre Leon Talley, Carlyne Cerf de Dudzeele y sobretodo Steven Meisel para crear, hasta finales del 2009, muchas de las imágenes y contenidos más icónicos en el mundo de la moda.

Bee Shaffer y Francesco Carozzini

Mientras Wintour de 68 años se prepara a celebrar la boda más Vogue de la historia este verano – su hija Bee Shaffer se casa con Francesco Carrozzini, el hijo de Franca Sozzani la editora de Vogue Italia hasta su muerte en diciembre de 2016-, las especulaciones sobre su partida de Vogue se convertirán en una constate, regularmente aunque las empresas lo nieguen enfáticamente son un preludio de lo que viene, aunque su cargo como directora artística de Condé Nast – segundo cargo que ostenta en el corporativo desde 2013 y que consiste en supervisar todos los títulos de la empresa no solamente Vogue- no se sabe si seguirá en activo. La  realidad  es que tras la muerte de Si Newhouse en octubre de 2017-su mecenas y promotor- y la insaciable búsqueda de la empresa por mantener su relevancia apostando por personajes jóvenes que entiendan el zeitgeist, la figura de Anna pasará a formar parte del legado histórico de Vogue así que esperemos proximamente el biopic protagonizado, seguramente, por Meryl Streep.

 

 

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